Desafíos del próximo Gobierno en Uruguay


Son varios los desafíos en materia económica del próximo Gobierno Nacional. 

 

El siguiente artículo busca resumir aquellos temas que seguramente serán abordados en el primer año de Gobierno, por su relevancia.

 

Nota completa

 

Luego de la primera vuelta electoral del pasado 27 de octubre, el país se encamina a elegir el próximo Presidente de la República en el ballotage del domingo 24 de noviembre.

 

Quien resulte electo, deberá enfrentar una nutrida agenda en todas las áreas.

 

En lo concerniente a la economía, los desafíos son diversos, así como el grado de prioridad con que se deberían encarar los mismos. Así, surge como inevitable el abordaje de temas como el déficit fiscal, el empleo, el endeudamiento, el crecimiento, la inserción internacional, la competitividad, por sólo mencionar algunos, los más urgentes, y que además, varios de ellos están relacionados entre sí.

 

Existen otros, no menos importantes, pero que implican una reforma estructural, y por tanto debe ser encarado sin la misma urgencia, con un grado de análisis mayor; tal es el caso de la reforma de la seguridad social, por citar el más evidente.

 

Sin perjuicio de que inevitablemente se deberá tener más de un frente abierto simultáneamente, hay situaciones que no admiten demoras, y por tanto, deben ser priorizadas. Tal es el caso del déficit fiscal, cuya trayectoria creciente en el tiempo se hace insostenible en el mediano y largo plazo. Hasta el momento este desequilibrio de las cuentas públicas se ha venido financiando con endeudamiento, lo que tampoco es sostenible en el tiempo. Las propuestas de los dos candidatos para abatir el déficit son disímiles.

 

Por un lado, el candidato oficialista propone licuar el déficit en base al crecimiento de la economía, sin descartar un aumento de impuestos específicos; en tanto que el candidato opositor apuesta a una agresiva contención de gastos, descartando a priori el aumento de la carga impositiva, en el entendido que la presión fiscal ya se encuentra en el punto máximo tolerable por la población.

 

En ambos casos vemos como al menos dudoso el alcance del objetivo buscado; ya que en el primer caso, por ejemplo, el crecimiento estimado para este año, en el mejor de los casos sería de 0.5%, si no nulo (la uruguaya es una economía que hace años que no crece en los guarismos necesarios, es una economía estancada), en tanto que para 2020 dicho crecimiento sería, en el mejor de los casos, del orden del 2%, valores totalmente insuficientes; en tanto que en el segundo, la rigidez del gasto hace difícil la obtención de ahorros del orden de los U$S 900 millones que se plantean como meta, aún si se mejora la gestión y se eliminan gastos superfluos o evitables. En cualquier caso, llevará tiempo equilibrar las cuentas fiscales por estas vías elegidas por los candidatos. Varios analistas aseveran que es inevitable realizar un ajuste fiscal. La intensidad del mismo estará más en función de decisiones políticas que económicas.

 

A su vez, en la medida que la situación de fondo no logre ser resuelta, el endeudamiento seguirá siendo una espada de Damocles (se estima que para fin de año, la deuda pública estará en un nivel del 70% del PIB), ya que también se corre riesgo de perder el grado inversor que otorgan las calificadoras internacionales. En este punto, es una buena noticia que las tasas de interés internacionales permanecen bajas, pero es una variable exógena, fuera del control del gobierno. Obviamente, si se pierde el grado inversor, el nivel de las tasas de interés serán superiores y el problema de la deuda se tornará más complicado.

 

La otra punta de este trípode es el crecimiento del PIB. Si bien con el advenimiento de la segunda planta de UPM se vislumbra un crecimiento, sólo con ello no es suficiente, máxime si se considera que la temporada turística no se divisa como exitosa, debido al entorno regional, especialmente la situación de Argentina, principal origen de nuestros visitantes.

 

Será menester, entonces, tomar medidas que fomenten un mayor crecimiento del PIB, ya sea a través de la captación de nuevas inversiones, y/o generando mejores condiciones a la producción exportable (no olvidar el peso del Estado en la producción ya sea a través de la carga tributaria o de las tarifas públicas, esto sin descuidar la repercusión que una eventual renuncia fiscal pudiera tener en el déficit).

 

Como resumen de estas tres puntas, interrelacionadas entre sí (endeudamiento, déficit fiscal, crecimiento del PIB), el primero está en una trayectoria ascendente que es necesario detener; para ello hay factores exógenos sobre los que es imposible actuar (tasas de interés) y factores endógenos sobre los que sí es posible tomar medidas (déficit fiscal y PIB), y en estos dos campos es que proponen actuar los candidatos, uno sobre el gasto, disminuyendo el déficit por esa vía y el otro sobre el PIB, apostando a que con su crecimiento se abata el déficit. Observamos con cautela ambas propuestas, con dudas sobre su real posibilidad de ser efectivas en los niveles que la situación actual impone.

 

En cuanto se refiere al empleo, se torna crucial lograr abrir mercados que permitan aumentar las exportaciones y a través de ellas se genere mayor demanda de mano de obra. Para ello, se torna crucial abordar el tema de la inserción internacional, firmando todos los convenios o tratados comerciales que sea posible, como herramienta fundamental de mejora de la competitividad, lo que redundará en un mayor acceso a mercados en los que, por la vía arancelaria, se pierden oportunidades de negocios. Para dar una idea, en el último año, las empresas uruguayas, para poder vender sus productos, debieron pagar unos U$S 300 millones de aranceles (los que los competidores con acuerdos firmados no pagan, claro está). Al hablar de competitividad, no podemos dejar de lado el tema del tipo de cambio real y que la política monetaria y cambiaria ayude a reducir la brecha con los países vecinos y demás competidores internacionales (en este punto, se debe conservar el equilibrio a efectos de que el aumento del tipo de cambio, no impacte excesivamente en la inflación, que está fuera del rango meta del BCU hace ya casi dos años).

 

A todo ello, sin dudas, se le deberá agregar todo un capítulo acerca de la capacitación permanente de los trabajadores, sobre todo aquellos con oficios o profesiones más fácilmente robotizables, los que inevitablemente se encuentran en una situación vulnerable en cuanto al empleo se refiere, sin dejar de considerar el sistema educativo en su conjunto, a efectos de generar trabajadores con las habilidades necesarias para enfrentar el crecientemente desafiante mundo laboral.

 

A los desafíos mencionados precedentemente, que son los principales y prioritarios en la delicada situación fiscal, de endeudamiento y de empleo en que el país se encuentra, se debe enfrentar el reto de mejorar la gestión del Estado en la casi totalidad de sus áreas de modo que el mismo sea un facilitador y no una traba a la hora de canalizar las iniciativas y necesidades de los agentes económicos.

 

La importancia y urgencia de encarar estos temas no permite aguardar al 1° de marzo de 2020, el lunes 25 de noviembre de este año, cualquiera sea el resultado del ballotage del día anterior, el presidente electo deberá tener los mismos sobre la mesa.

 

Ec. Ricardo Cabrera Departamento Económico –
Carlos Picos Consultora
ricardo@carlospicos.com